27.3.12

1971, OSCURO Y FRÍO

1971, OSCURO Y FRÍO

Publicado originalmente en la edición en papel de EnlaceFunk Nº39
Por Miguel Gómez Losada
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Queriendo escribir sobre Jazz se me ha cruzado en el camino el pianista canadiense de música clásica, Glenn Gould (1932 - 1982), conocido por interpretar de forma maestra las Variaciones Goldberg de Bach un año antes de morir. Falleció en otoño, un 4 de octubre, con la llegada del frío, diciendo amar cualquier territorio cercano al círculo polar, por contener lo que él llamaba "El espíritu del Norte".

Es comprensible citarle. Quería escribir del frío porque también amo el frío, y precisamente 1971 es para mí el año del frío, el más frío de toda la cultura afroamericana. Siento1971 como un tiempo introspectivo de espiritualidad y recogimiento. Pienso en 1971 con ensimismamiento invernal, ese estado de clarividencia que sólo se nos revela los días de quietud, abrigo, y paisaje. 1972 fue sin embargo un año de sol, con Superfly, Papa was a rolling stone, y You are the sunshine of my life. El emblema, o la imagen de imágenes que ilustra 1971 podría ser la gabardina mojada de Marvin Gaye en What´s goin´on, su frente lluviosa y la mirada clavada en el destino. En la canción del álbum Save the children hay una frase cruda que dice: "Cuando miro la tierra me lleno de tristeza, los niños pequeños de hoy van a sufrir mañana". 1971 es un año serio, y los discos de este año suenan a desesperanza, pero a la vez a fuerza contenida, y a vida para adentro.



Este frío denominador común en la música negra podría tener su explicación en los acontecimientos de este año, no olvidemos que en 1971 el sistema monetario entra en crisis al caer el dólar de manera pronunciada durante 1970-71, por registrar la economía norteamericana un déficit cercano a los diez mil millones de dólares. A esta contracción severa habría que sumarle el desastre de Vietnam, donde en 1971, los americanos tenían abiertos los frentes de Vietnam del Sur, Camboya y Laos, llegando a enviar antes de la progresiva retirada, la escalofriante cifra de 541.000 soldados. Este caos tiene su reflejo en la portada de Where I´m coming from, (1971) el álbum más preocupado y sombrío de Stevie Wonder, donde aparece vestido de soldado ofreciendo una galleta de chocolate, como ilustración a modo de ayuda que evidencia el clima de desesperación. El álbum dice Where I´m coming from "De donde vengo", con el mismo tono existencial que cuando Marvin Gaye afirma What´s goin´on, "Lo qué está pasando", disco influenciado por los tres años que su hermano pasó en Vietnam, por la droga, por el odio, y por la pobreza. La canción What´s goin´on comienza así: "Madre, madre, sois demasiadas las que estáis llorando. Hermano, hermano, hermano, sois demasiados los que estáis muriendo", y en Mercy, mercy me, pregunta "¿Dónde se fueron todos esos cielos azules?" para sentenciar seguido: "El veneno es el viento que sopla desde el norte". Además, en 1971 el color de la piel todavía importaba demasiado.




Quizá el arte sea la manifestación que moldea la identidad del espíritu, el charco donde mirarse, y el ingrediente necesario para sublimar y comprender nuestra personalidad. Es en la música o en la pintura donde me comprendo, donde sé quién soy. El arte no es sólo un asunto de placer o de evasión, es donde tomo conciencia de mi naturaleza. Basta un disco lluvioso para activar los síntomas lluviosos del ánimo, o viceversa, basta ser propenso a "ese Espíritu del Norte" para necesitar encontrar esta emoción en todas las músicas, en todos los cuadros.
En 1971, Herbie Hancock graba el oscuro, húmedo y subterráneo Mwandishi, un álbum de Jazz abstracto que pone los pelos de punta. Es música de la caverna. Este disco va más allá de la instrospección y del recogimiento. El tema Wandering spirit song, que dura más de 21 minutos, es directamente siniestro. Es música para el purgatorio, es el sonido de la oscuridad. Escucharlo con la luz apagada da miedo, y en sus pasajes atmosféricos provoca una experiencia sobrenatural.



Algo de luz al fondo supone el impresionante Aquilla, dentro del álbum Sunshine Man (1971) del flautista Harold Alexander, donde el instrumento hace honor al viento, con evocación a montañas cambiantes por las nieblas y las lluvias que se suceden. Este invierno vital continúa en el año más frío de Kool & The Gang, también 1971, con dos álbumes grabados en directo, de portadas oscuras, sólamente iluminadas con algún reflejo de focos y metales en la fotografía del escenario. Tanto en Kool & The Gang, Live at the Sex Machine, (grabado el 10 de febrero de 1971), como en Live and the P.J.´S , (grabado el 21 de mayo de 1971), tocan su repertorio 1969 - 1971, y no sé si estoy influenciado por las portadas oscuras o por el sonido robusto que caracteriza esta etapa del grupo, ese Funk de cabaña, pero escucho estos directos imaginando un bosque nocturno, con el temor que nace donde la hoguera no llega con su luz y comienza la sombra, la noche cerrada y las presencias ocultas.




Para seguir disfrutando de este último invierno afroamericano hay que escuchar también los discos de Black Jazz Records, sello que nace en 1971, quizá recuperando el underground perdido de Blue Note, grabando a Doug Carn, Gene Rusell, o Walter Bishop Jr. entre otros. Las portadas en blanco y negro se corresponden con el sonido que contienen. No hay color, no hay alegría, es nuevamente El espíritu del Norte.



Pero no hay oscuridad para siempre, la vida es alternancia. Entiendo There´s a riot goin´on como el comienzo del deshielo, donde podría decirse que la voz de Sly es el cante jondo del Soul; y por supuesto los JB´s, con su nueva definición del ritmo, donde los vientos, estilo "el elefante que se revela contra su domador", hacen desaparecer cualquier signo invernal. Curiosamente un año después Kool & The Gang graban Music is the message, con la portada azul cielo, donde las letras esculpidas en hielo empiezan a derretirse. Incluso Shaft (1971), a oscuras y con la tipografía cuadrada y de color morado, da paso a Superfly (1972), con el logo sensual, rojo y amarillo. Detrás aparece Curtis Mayfield con la expresión anaranjada. En su frente no hay lluvia, ha salido el sol.

23.12.11

PYRAMID – The Cannonball Adderley Quintet





PYRAMID (Fantasy 1974) – The Cannonball Adderley Quintet

Por Miguel Gómez Losada

Publicado originalmente en la edición en papel de la revista EnlaceFunk nº38

Según el diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot, la pirámide está asociada a la Gran Madre, en tanto que es montaña hueca que alberga, es morada de los antepasados y monumento de tierra. Enseguida pensé en la complexión generosa de Cannonball Adderley, que aun siendo hombre, tiene ese aire de madre protectora que todo lo puede. Así se le ve por ejemplo en el capítulo Battle Hymn de la serie Kung Fu (http://youtu.be/XfTgQYon-RA), emitido por primera vez el 2. 2. 1975, donde aparece tocando el saxo en la puerta de una choza junto a David Carradine y José Feliciano. Cannonball es grande y gordo, y así es su música, grande y gorda. Es una efigie donde resguardarse de las inclemencias sentimentales.


Pyramid es un magnífico álbum de JazzFunk. Si te sabes de memoria Headhunters de Herbie Hancock, te cuesta asimilar el derroche de improvisación en la etapa 1969 – 1975 de Miles Davis, y consideras que las melodías vocales de George Duke tienen demasiada azúcar, Pyramid de Cannonball es tu disco. Destacaría el tema que da título al álbum, que es pisada de elefante, o pisada de Cannonball, que es lo mismo; también la Suite Cannon en tres partes, como un vuelo por encima del Jazz, el Blues y la nostalgia de África; y Phases, con velocidad instrumental. Pyramid es un disco sobrio con empaque, rico en matices y fácil de oir. Es el sonido del sello Fantasy. Cannonball Adderley Quintet son: Julian Cannonball Adderley - Saxo alto y soprano, Nat Adderley – Corneta, Hal Galper – Piano eléctrico, Walter Booker – Bajo, Roy McCurdy – Batería; y George Duke como invitado, aportando sus inconfundibles atmósferas con el sintetizador.




Desde Operación Triunfo hay mil motivos para lamentarse del panorama musical en las radios y televisiones españolas, aun así hemos ganado amplitud de escuchas, y madurado. Recuerdo que en 1983 era difícil compartir a Grandmaster Flash & The Furious Five en un entorno pop rock y en una movida madrileña casi unidireccional. Pero esto es pasado. Parece que el FUNK y el RAP ya no será música mal oída por la modernidad, logrando el respeto que se merece y sonando para quedarse. Así lo propone Lacoste.

26.4.11

Loose Ends



Loose Ends: Carl McIntosh, Jane Eugene, y Steve Nichol, en 1986

INFORME LOOSE ENDS - Pioneros del Soul inglés.

Por Miguel Gómez Losada.


Publicado originalmente en la edición en papel de la Revista EnlaceFunk Nº36

He llegado a esta conclusión: Para hacer algo sobresaliente hay que tener tres cosas fundamentales: 1- Mismidad [conocimiento de nuestro valor propio]. 2- Confianza [serenidad, uno lo va a hacer bien]. 3- Obstinación [tener principios de donde partir, e ideales donde llegar; imaginar el mejor resultado, seguido de afán por conseguirlo y esfuerzo mantenido en el tiempo, sabiendo incorporar novedades sin pervertir la idea primera].

Este pensamiento nació delante del cuadro Juana la Loca, de Fernando Pradilla, que está en El Prado. Es una pintura soberbia, -óleo sobre lienzo, 340 x 500 cm-, y representa el traslado del ataúd de Felipe el Hermoso, guiado por su esposa Juana I de Castilla, La Loca, atravesando un paisaje invernal. Han parado a descansar pero ella sigue de pie. Está embarazada. Tiene la mirada ida. El séquito aguarda detrás de la hoguera, y el humo racheado se une al cielo. Hace frío, quizá diciembre, el campo pelado, barro, sólo tres árboles secos. A lo lejos el convento en medio de la nada.


El cuadro es de una ejecución impecable, y la relación dibujo/ línea/ pintura/ carnalidad, obedece a un pintor maestro -con determinación y sentimiento-, que supo recrear para la vista el hecho histórico, escenificarlo en una tela, y hacer creíble el drama.


Para hacer esto es necesario mismidad, que la entiendo como la esencia invariable desde el dátil a la palmera, lo que guía al elefante hasta su cementerio, y a la carpa entre las rocas y los juncos, río abajo. La mismidad es la confianza del albatros cuando se lanza desde el acantilado, intuyendo la relación de corrientes de aire cálido sobre el océano.


Cuando veo un trabajo logrado pienso que el autor sabía su mismidad. Confiaba en ella. Cuenta la leyenda que un monje ciego era capaz de despiezar un buey entero, anticipándose a cada hueso sin rozar ninguno, girando el sable –de forma musical- por entre la musculatura del animal. Es lo que llamamos seguridad, clarividencia: tenerlo claro. Creo que debe haber algo cósmico en todo esto. No es fácil de razonar.



Blues & Soul Nº 428


Esta mismidad –secreto del arte-, me llevó enseguida a pensar en la música, como el recorrido de Loose Ends entre 1983 y 1986: tres años de Loosendeidad. Fueron el mejor grupo de Soul británico de los 80. Me explico. Entiendo por grupo una formación que no subordina la banda a la voz principal, como sí haría Sade, el otro gran nombre propio esos años en el Reino Unido. Un grupo transfiere su personalidad a la base rítmica, al lenguaje instrumental. Loose Ends es electrosoul vocal de inspiración jazzística.


Además significaron una coyuntura en la escena británica. Nacieron en el declive de formaciones como Linx, o Light of the World, desarrollando su carrera antes de Soul ll Soul, y antes del nacimiento de Acid Jazz Records y Talkin´ Loud, sellos que revitalizaron el SoulFunk inglés con nombres propios como Omar o Galliano. Loose Ends fue el último grupo de Soul británico anterior a las revisiones funkies y a los samplers. Hay que recordar que la explosión de Soul ll Soul en la escena de baile se debió a la contundencia de su base rítmica, más que a la riqueza de sus melodías o personalidad vocal de Jazzie B o Careen Wheeler. La chispa de éxitos como Back To Life, Keep on Movin´, Jazzie´s Groove, o Get a Life –casi todo el andamiaje rítmico del grupo- se encendía desde el poderoso break inicial de batería en Dancing Room Only [1979], de Harvey Scales, que es una derivación a su vez del break que contiene Ashley´s Roachclip [1974] de Soul Searchers, en el minuto 3:30”. Por otro lado, grupos británicos como Simple Red, Swing Out Sister, o Curiosity Killed The Cat -de nacimiento posterior a Loose Ends -, eligieron un camino más cercano al Pop, dejando así a Loose Ends como grupo SoulFunk del Reino Unido por excelencia.




A little spice [1983]


La formación Loose End lanzó en 1981-82 dos singles, su primer material: In the sky, y We´ve arrived, producidos por Chris & Eddie Amoo, los líderes de la banda británica The Real Thing. En 1983 cambiaron el nombre de la banda añadiéndole una –s- Loose Ends, publicando el single Don't hold back your love, que incluía en la Cara B No stranger to darkness, escritas y producidas ya por el grupo, y aunque tenían un sonido con buena factura discosoul, el trío aún no conduce su mismidad. El grupo comienza realmente con A little spice, su álbum debut en 1984, con Virgin Records [Loose Ends fue la primera banda con todos sus componentes negros que fichó el sello]. Temas rápidos como Tell me what you want o Dial 999 dan fe del potencial de la banda -Funk siendo Soul-, que en estas dos piezas enseñan ya la facilidad para las melodías múltiples -jugosas en acordes paisajísticos-, sostenidas por una actitud rítmica que les definen como gran banda de Soul de los ochenta.







Parte de la responsabilidad de este sonido se le debe a Nick Martinelli, productor americano formado bajo el amparo de Motown, que catapultó su prestigio produciendo y participando en el sonido de los primeros cuatro álbumes de Loose Ends. Sólo hay que comparar el sonido de Loose Ends con el otro grupo británico I Level, su contemporáneo, también de Virgin, para darnos cuenta de la Loosendeidad. Feel so right es el tema que más me gusta del disco, música para soñar. Es un medio tiempo sensual con la batería marcada, estribillos al oído y pellizcos dulces de guitarra, que imagino como canción de cabecera para nuestros Presuntos Implicados, trío español con voz femenina principal, como Loose Ends. Music takes my higher y Choose me, van en la misma línea. Coros de condición amable, en el sentido positivo de la palabra, que te arropan como una madre a su pequeño, al deshacer la cama por un mal sueño. A little Spice titula y cierra el álbum, a modo de BossaFunk casi instrumental, para sonorizar escenas nocturnas de paseo marítimo: -umbral entre la ciudad y el océano, con poética visual de hotel y playa-.


Todas las melodías del álbum y de los dos siguientes son pegadizas –o mejor, recordables-, a la vez que complejas, cosa difícil y meritosa. El álbum no tiene un tema claro para pinchar a hora punta, aunque sabemos que este detalle no determina la calidad de un trabajo musical. En la portada aparecen los tres, Jane Eugene, Carl “Macca” McIntosh, y Steve Nichol, -fundador del grupo-, vestidos de rojo y ocre, con una pirámide como única escenografía, primera evocación desértica de la banda. El álbum tiene un encantador afán demostrativo, característica de los artistas que empiezan, que en algunos pasajes roza el virtuosismo instrumental. Para un primer álbum quizá tenga que ser así: los artistas jóvenes ponen en un mismo trabajo todos sus recursos, que en la madurez quitan. El disco es mi vinilo Nº3, comprado en los Electrodomésticos Sánchez de Granada, en 1988, que guardo como fetiche de estudiante.



So where are you [1985]


En So where are you [1985] el grupo sosiega su ímpetu inicial y alcanza la primera cota de su mismidad. El álbum tiene serenidad, como la del arquero cuando apunta, seguro de poder hacer diana. Contiene uno de los tres hits de la banda: Hangin´on a string [contemplating] equidistante entre S.O.S Band y Mtume. No exagero. El tema fue elegido para inaugurar el SoulTrain de la televisión británica; tiene la contundencia de Juicy fruit de Mtume, y Just he way you like it, de S.O.S Band, con un paisaje semejante al desarrollo instrumental de She´s Strange, de Cameo; con lo cual estoy afirmando que Loose Ends –grupo inglés de los ochenta- es una estrella en primer plano de la constelación negra. En la entrevista que concedió el grupo en marzo de 1985 a la revista británica Blues & Soul [Nº428], se reconocían entusiastas de Mtume, Kashif, Phyllis Hyman o Eugene Wilde, a quien veían tocar en el Club The Library, de Philadelphia, ciudad donde residía su productor Nick Martinelli. Tal era la amistad y afinidad profesional, que Steve Nichol se refería a él como el cuarto miembro de Loose Ends.


El resto del álbum navega entre melodías sentimentales, por ejemplo You can´t stop the rain [que recuerda de nuevo la base rítmica de la posterior Alma de Blues, de Presuntos Implicados]. Medios tiempos sinuosos, muy bellos, como The sweetets pain, compuesta por el maestro Dexter Wansel, conductor de los teclados atmosféricos de todo el disco; razón extra para comprarlo-. Y So where are you, preciosa, sin más adjetivos. El disco tiene un misterio para mí, contiene una versión de Golden years, original de David Bowie, y confieso que aunque Loose Ends la trae a su terreno, y al oído resulta correcta, me molesta. Al margen de esta espina, el concepto de la imagen del grupo comienza a mirar a África. Hasta la disgregación de la banda en1989, todos sus álbumes y casi todos los maxis tienen como escenografía natural el desierto, rincones selváticos o playas salvajes, quizá para explicitar una genealogía directa Londres – Afroamérica - África. A Jane Eugene es frecuente verla con un pañuelo en el pelo, como evocación musulmana, y a Carl McIntosh con camisa estampada de indudable inspiración africana. En la portada de So where are you descansan en un interior, que aunque a color, recuerda el Café de Rick de la película Casablanca, que recrea la ciudad marroquí. En este álbum inauguran logotipo geométrico, estilo Malevich.




Zagora [1986]


Y llegamos a Zagora, su mejor disco, grabado en 1986. Contiene los otros dos éxitos del grupo. Stay a little while, child, y Slow down, delicia de raperos y pinchadiscos de medios tiempos apaisados. Descubrí a Loose Ends en una cinta que me grabó Pepe, nunca supe su apellido, discjockey de la Discoteca Pomelo en Fuengirola, en el verano del 86, que el año anterior lo fue de la Discoteca Picapiedra, en Carvajal. Mientras mis conocidos modernos iban a Pink a bailar U2, mi amigo Ángel Ventura y yo íbamos a Pomelo a por alimento Funk. Esa cinta viajó con nosotros de Fuengirola a Jerez, donde la escuchamos una y otra vez en una habitación con literas de un campo de trabajo arqueológico. Stay a little while, child será para siempre la música de aquel verano.

La semana pasada cogí un tren a Fuengirola, fui a ver qué quedaba de la Discoteca Pomelo. Necesitaba revivir, comprobar si había restos en la pared del luminoso, algún rastro de la entrada situada en la planta baja de la urbanización Perla 3, algo que me reactivara sentimientos dormidos. Encontré en su lugar un chino [Todo a 100, para entendernos]. No quedaba nada de la discoteca salvo un ornamento azul en la puerta, -que me atizó la emoción como un latigazo, de los que gustan- sepultado por un batiburrillo de colchonetas multicolor y barcas de goma colgadas de la pared. Le hice foto por supuesto.



Stay a little while, child comienza con una intro arabeizante, como esa música de película que anticipa la llegada del sultán; y luego una base perfecta, -para qué más calificativos en cuanto a la programación rítmica, si es así-, que en el maxi se multiplica. Como siempre, la canción es rica en lejanías, sintetizadores alargados y punteos con eco, para sugerir el crepúsculo desde lo alto de una duna. El disco vuelve a estar sembrado de vegetación jazzística, momentos de electrofunk seductor, y la voz personalísima de Jane Eugene.



Zagora es su mejor disco, la cumbre de Loose Ends y su mismidad. Night of pleasure es un medio tiempo sensual, en la línea de Slow Down, que evoca sin querer Bagdag: jardines oscuros, noche rasa, princesas descalzas, y estrellas. Se cierra el álbum con un tema que son dos, Rainbow, -Bossa-, y Take a train, Jazz, propio de un musical, de nuevo como demostración del vituosismo instrumental. El dossier de prensa del álbum explicaba el significado de Zagora: “The car breaks down, they are out of water, lost and in the distance they can hear the faint crack of gun shots. The gun shots comes from a tribe of nomads, who give the water and send them in the direction of a nearby village, called "Zagora"...a real paradise in the middle of nowhere.” Un paraíso real en medio de la nada.



Stay a little way, child [12"]


Y antes de Real Chuckeeboo, su siguiente elepé, insisto en esta relación: Mtume, S.O.S Band, Loose Ends. De hecho, Nick Martinelli produjo también para Five Star o 52nd Street, pero con Loose Ends formó un sintagma; la pareja ideal, ejemplo de amor, ejemplo de ElectroSoul.


Real Chuckeeboo es el principio del declive. Un álbum más duro, más Funk, pero de 1988, cosecha que a mi gusto no ha resistido bien el tiempo por la endeblez del sonido de la batería, que pocos grupos supieron mantener con vigor. Me quedo con los discos anteriores. El álbum se acerca -por fecha- al fin de la coyuntura de la música negra británica, -en este año cambia el ciclo y las maneras, abriéndose paso el AcidJazz-.


La trayectoria de Loose Ends me recuerda esa imagen del ciclista que inicia la escapada en solitario, siendo alcanzado por el pelotón justo antes de llegar a la meta. El grupo británico Brand New Heavies es deudor del concepto melódico de Loose Ends –ese talante simpático-. Pero ya sabemos que los eslabones de la cadena cultural se engarzan así. En el arte va implícita la transferencia del conocimiento. En Real Chuckeboo se nota además la influencia de Cameo, en temas como Life, y sobretodo Remote Control, donde Carl McInstosh nasaliza la voz como Larry Blackmon –ver Informe Cameo, Enlacefunk Nº28-. Contaron con otro de los grandes, Leon Ware, que produjo Easier said that done [es más fácil decir que hacer, ahí queda esa verdad], con un sonido alejado ya de las producciones para Minnie Riperton o Marvin Gaye, que no consiguió hacer brillar al disco. Tampoco los tres temas unidos de la Cara A que confluyen en el título del álbum: a) Tomorrow b) Mr. Bachelor c) You´ve just got to have it all que aun siendo de baile no funcionan. Sin embargo, lo mejor de esta hornada son los temas del maxi Mr. Bachelor [vex mix], donde la remezcla rotundiza la canción acercándola a las mejor época de Nick Martinelli; también Johnny Broadhead [part 2 remix]; y el tema inédito Too much.


Algo se quebró después de este álbum, y la banda sufrió una ruptura. Todo apunta a diferencias creativas y conflictos en los ensayos entre Steve Nichol y Carl McIntosh. A su vez Jane Eugene tenía claro que la dirección del grupo debía alcanzar el horizonte americano de L.A. Babyface o Jimmy Jam & Terry Lewis. En 1990 aparece el nuevo álbum de Loose Ends, Look How Long. En la portada se ve solo la cara de Carl McIntosh, en grande, y por detrás tres cantantes, dando prioridad visual a Linda Carriére, la nueva voz femenina principal. Estaba claro en la creatividad visual que ya no era un grupo. En la portada sólo un miembro, en la contraportada tres caras de mujer de distintos tamaños, que más recuerda a un collage en la carpeta de una colegial. Efectivamente, Carl McIntosh escribe, compone, arregla y produce todas las canciones. Jane Eugene y Steve Nichol habían quedado fuera de Loose Ends.

El disco es mucho mejor que el anterior, a pesar del acercamiento a la moda: contiene samplers al uso como Funky drummer de James Brown, tan usado entonces, y multitud de guiños rítmicos New Jack Swing. Se echa mucho de menos la formación original. La voz de Jane Eugene, así como la de Tawata de Mtume, o Mary Davis de S.O.S Band, no se olvida, tiene demasiada mismidad. El disco contiene una maravilla: Don´t you ever [try to change me], acogedora como el escote de La Gioconda, y azul como las montañas que hay detrás. Don´t be a fool es el hit, cantada por Linda Carriére, que se acerca en el concepto melódico simple a las producciones exitosas de Jazzie B. Recuerdo una cinta-cassette que trajo de Londres mi novia de entonces, y escuchar la canción, seguida de Lies de Envogue, y Guetto Heaven, de The Family Stand. Pues eso, el disco transcurre animado y certero, con alguna concesión imperdonable: Love controversy, que no sólo recuerda, sino que parece robada del repertorio de Soul ll Soul. Supongo que resultaría muy difícil sobrellevar el triunfo mundial el año anterior de su vecino Jazzie B.


En 1992 sacaron un doble vinilo recopilatorio de sus canciones más notables, remezcladas por los mejores productores y músicos de la época, como Frankie Knuckles [Hangin´on a string], o Gang Starr [A little Spice]. Ésta última es la mejor del disco, que pudiera haber sido incluida en el primer recopilatorio de Jazzmatazz. El trabajo se llama Loose Ends, Tighteen up Vol. 1, con un guiño más al arrasador álbum debut de Soul ll Soul, Club Classic Vol. 1.


En los años posteriores, las apariciones de Loose Ends han sido fugaces. El rapero Pete Rock reunió en 1998 a Jane Eugene y a Carl McIntosh para grabar Take your time, y en el videoclip aparece además Steve Nichol, donde pudo verse de nuevo reunido al trío original Loose Ends. Sin embargo, era el único que faltaba en el concierto que dio el grupo en la sala Indingo de Londres, el pasado día 22 de mayo de 2010.


Pero no quiero dedicar una sóla línea más a la decadencia del grupo tras la separación de la formación original. Para hacer justicia hay que subrayar otra vez la mismidad del grupo. En sólo dos años alcanzaron su personalidad, y un espacio propio dentro del Soul mundial. Loose Ends, en sus tres primeros álbumes, no se parece a nadie. Es el antecedente inmediato –el hermano mayor- del Acid Jazz y Soul ll Soul, así como uno de los grupo propiciadores del New Jack Swing y el R&B. Así debería reconocer la historia su contribución a la cultura Afroamericana. Desde aquí pido que vuelvan a unirse, Carl McIntosh, Steve Nichol, Jane Eugene, y Nick Martinelli. Por favor.

Discografía obligatoria en vinilo:

So where are you – Lp, 1985
Zagora – Lp, 1986
Hangin´on a string [contemplating] - Single 12”, 1985
Stay a little while, child - Single 12”, 1986

Quisiera dedicar este informe a Pepe, nunca supe su apellido, el pinchadiscos de la Discoteca Pomelo de Fuengirola, en el verano de 1986, que el año anterior pinchó en Picapiedra, Carvajal. Mi primer maestro de Funk. Allá donde estés, gracias.

3.4.11



Sesión The Black Evolution [Salah, Losada, DavidDJ] en el 1er aniversario de la tienda ENNEGRO. Viernes 1 de abril: Afrodisia, Granada. Sábado 2 de abril 2011: Soul, Córdoba.


14.3.11

Stevie Wonder






La vida secreta de las plantas.


Publicado originalmente en la sección DISCOS HERMANADOS de la revista en papel Enlace Funk Nº32

Por
Miguel Gómez Losada

Hacía tiempo que tenía ganas de escribir sobre el disco The Secrets Life of Plants (1979) de Stevie Wonder-, y reconozco mis limitaciones para hermanarlo con otro porque no conozco un disco de Soul Jazz Funk que gire alrededor de la vida vegetal como éste. Haciendo un esfuerzo podría considerarse disco hermano Visions of a New World (1974) de Lonnie Liston Smith, que es es el jazzfunker que mejor acude al horizonte, proponiéndonos una fantasía salvaje en la portada del disco, con una pintura donde hombre cielo selva océano son un solo ser. También podríamos emparentarlo con Sextant (1969), el disco más enigmático de Herbie Hancock, un sonido nuevo para la danza de la lluvia.

Era habitual que en muchos discos de Jazz con mirada a África, lo silvestre fuese el guión, pero el disco que nos ocupa es el máximo exponente Soul del panteísmo, donde el Universo, la Naturaleza vegetal y Dios representan el amor infinito.



Journey Throught The Secrets Life of Plants fue la banda sonora compuesta por Stevie Wonder para una película documental de Wallon Green, basada en un libro del mismo nombre. El subtítulo del libro podría definir el disco y también la película: “Un testimonio fascinante de las relaciones físicas, emocionales y espirituales entre las plantas y el hombre”.




El largometraje de más de hora y media fue muy avanzado en su tiempo, argumentaba que las plantas sienten, se alegran y padecen como los demás seres vivos, a pesar de que la comunidad científica diga que esto no es posible por no tener sistema nervioso. Stevie Wonder estuvo acertado como siempre: las instrumentales atmosféricas del disco creaban junto a las imágenes a cámara rápida  una sensación mágica, una botánica misteriosa donde las plantas aparecían humanizadas como en una fábula vegetal.


El disco que nos ocupa salío en 1979 y fue comercialmente difícil. Era una banda sonora de un artista negro, pero no tenía nada que ver con el cine Blaxplotaition; tampoco con el sonido 1979 de otros compañeros de Motown como Rick James. Y por otro lado, se distanciaba demasiado de su disco anterior grabado en 1976 –en tres años al funk le había dado tiempo de diluirse en la música disco y volver a recuperar su esencia con el Rap-.


Guardaba poca relación con la moda de ese año, no hay mas que comparar esta banda sonora con otros musicales de los 70: Saturday Night Fever (1977) y Thank God it´s Friday (1978), paradigmas de la música disco. El supremo doble lp Songs in the Key of Life (1976) no guardaba relación con Secrets Life of Plants: el disco también era doble, pero sólo tenía una canción de amor a la manera de Knocks Me off my Feet, y ninguna musculatura Funk como As o I wish. La vida secreta de las plantas había que escucharlo de otra manera.


El disco comienza como la película Fantasía (1940) de Walt Disney, quien adapta los dibujos animados a La consagración de la primavera de Stravinsky para el episodio de La creación del mundo. Contiene folclore japonés, indio, música africana, jazz, melodías infantiles, baladas soulfunk, desarrollos discofunk, ambientaciones orquestales y música clásica, pareciendo a veces el primer disco de New Age. Aun así, el álbum tiene unidad: las arriesgadas y diversas instrumentaciones parecían árboles traidos de todas las partes del mundo, reunidos en la maravillosa voz de Stevie Wonder a modo de jardín.







Quién sabe cómo siente Stevie Wonder las plantas, desde su ceguera puede que perciba en ellas la obra más íntima de la creación, o quizá las asocie a un recuerdo de caricia materna. El disco repetía una misma melodía en varios de sus cortes, comenzando en First Garden para cruzar por The Secrets Life of Plants y desembocar en Finale como un río que guardara memoria de la vegetación de sus orillas. Parece un tarareo de madre, y cuando suena la armónica emociona por su sencillez.

Invito a quien esté buscando a Dios que lo haga de la mano del gran sacerdote del Soul: Stevie Wonder. Cuando pongo sus elepés en mi tocadiscos siento una frecuencia del universo donde Stevie Wonder y Dios se aman, así como se amaban Juan el Bautista y Jesucristo.  Es lo que le sitúa en mi opinión como el más completo compositor, músico y cantante del siglo XX. Stevie Wonder no hacía de su vida un exceso, su tarea tiene más que ver con el predicamento del amor, quizá por eso los periodistas blancos, alejados de la cultura gospel, no supieran qué hacer con él, y los adolecescentes ávidos de transgresión,  menos. Stevie Wonder propone algo más que buenas canciones. Su fé y la manera de mostrar fascinación cuando un sonido es feliz le convierte en un enviado.








Lamento que las personas mayores repriman el asombro cuando están en público para no parecer ignorantes -si me fascino por algo demuestro que no lo conozco, y a determinada edad hay que aparentar saber de todo un poco-. Por reprimir siempre la sorpresa, el mundo de los adultos es tan aburrido. La fascinación es cosa de niños, ciegos, y valientes.






Para comprender a Stevie Wonder hay que admirar su elevada espiritualidad. Él habla con Dios (Escúchese Have a Talk with God, del Lp Songs in the Key of Life). Dios le otorga el don de la gran música para que el resto de los humanos escojamos sin complejo el camino del amor, que es el más alto ejercicio de la inteligencia.

Secrets Life of Plants es el último disco de la gran época de Stevie, aunque el siguiente Hotter Than July (1980) también podría incluírse, así como la optimista Do I Do y la crepuscular Ribbon in the Sky, canciones escritas en 1982.


Nuestro disco tiene varios momentos estelares, elegiría el single del álbum, Send One Your Love, música para quedarse con la vista perdida y compartir aquella ilusión de André Breton: “Espero a la dama del lago, sé que vendrá”. Come Back As a Flower, que escucho como un canto a la esperanza interpretado por Syreeta, pidiendo al universo que aquel amor irrecuperable, al menos regrese como una flor. Power Flower, por su base rítmica, con la batería más notoria del disco: lenta y funk como la trompa de un elefante cuando ramillea; y la hondísima Eclesiastés, una coral religiosa que suena a Bach, música para el trance a la otra vida. Por supuesto Secrets Life of Plants, que sugiero se escuche en el documental original que hay en internet, donde se ve un plano de Stevie Wonder a tientas por un paisaje volcánico, deteniéndose ante el presentimiento de un árbol, o guiándose por la luz como los girasoles. Eriza la piel.

El disco no es perfecto –pero sí es arte porque se compuso dando prioridad a la necesidad creativa antes que a lo que esperaba el público-. El tema Race Babbling no pega en un álbum tan espiritual, y aunque tiene un magnífico vocoder (leer sobre Stevie Wonder en Zapp & Roger, Discos hermanados/ Enlacefunk Nº31), el tema suena muy rápido, como fuera de sí. El desentono tiene una explicación, la canción ilustraba la velocidad en la autopista en una secuencia a cámara rápida de la película, y como no se proyectó en los cines, la canción en el disco suena desligada. Es la única pieza claramente alejada del mundo onírico vegetal. Dura más de ocho minutos, tiempo que hubiera servido por ejemplo para incluir la maravillosa Overjoyed, compuesta para La Vida Secreta de las Plantas pero no publicada hasta 1985. Me encantaría poder oírla con los arreglos de 1979. El doble álbum hizo historia y se convirtió inmediatamente en un disco de culto.


Sé que existe algo inmenso, puro y bueno. Me atrevo a llamarlo ternura del universo, o la tierra prometida. Es una geografía donde los ríos no olvidan sus primeras montañas, con árboles custodios que guardan los secretos del horizonte: (qué tierras ilumina el sol cuando se esconde, o el lugar donde nacen las estrellas...)
Otras se nos revela como una oscuridad en el pantano, donde las plantas en la orilla, el viento y los pájaros, animan una escena de amor supremo. Es un ideal, una fábula que no distingue entre bondad y belleza, y que al pintarse deja de ser imaginación para extender la realidad.

 
Córdoba. 13 de mayo de 2009


5.2.11


SOS Band, Even when you sleep, maxisingle 12" - 1986


CASHFLOW, Cashflow – LEVERT, Bloodline – SOS BAND, Sands of time

Publicado en la sección Discos hermanados, de la Revista Enlacefunk Nº34 Edición en papel.


Por Miguel Gómez Losada [marzo 2009]


Todos vamos a morir, y peor aún, es probable que antes entremos en un hospital con conciencia suficiente para comprender que ya nunca volveremos a casa, que nunca volveremos a pasear por nuestro barrio, ni a sentir el sol en la cara, o el cielo con la primera llovizna del otoño; y que de esa habitación de hospital no vamos a salir jamás.
Antes de ese momento deberíamos haber dado ya lo mejor de nosotros mismos, por eso hay que empezar hoy, ahora. Mañana puedes morir, puedo morir. Lo hacen los otros seres vivos: la luciérnaga ilumina para ser encontrada y amada antes de envejecer; y las flores, que destacan entre la hierba para hacer señales a los insectos volantes y lograr la polinización antes de marchitarse.


El humano, a pesar de estar dotado de inteligencia más allá de la supervivencia, suele equivocarse en su función de ser. Al humano se le suele olvidar iluminar por estar distraído con la supervivencia, como si no se pudiesen hacer las dos cosas a la vez.

Entiendo el arte como la facultad de iluminar, esa capacidad consciente que nos distingue de otros seres vivos, y defino el arte como -todo acto de amor público-. Y si una luciérnaga superdotada es la que más ilumina para ser amada, y una flor superdotada la que más destaca del suelo por su colorido para ser amada, así, un humano superdotado no es el que más sabe o el que es más importante en su sector profesional, sino el que mejor ama. Lo tengo claro. Los artistas son grandes amadores, grandes luciérnagas que iluminan con su cuadro, canción, danza, o cualquier cosa hecha con esmero que se pueda compartir.


También se puede ser artista de la amabilidad, de la generosidad y del agradecimiento, por ejemplo. Aquí no se libra nadie: todos podemos ser artistas. Todos podemos ser grandes amadores y así humanos superdotados. Porque estar vivo es algo más que sobrevivir. Vivir debería ser -existir amando todo el rato-. El arte –cualquier acto de amor público- es lo que nos mejora y define como especie más allá de aspirar a rozar nuestros cuerpos con intención de cópula o fecundación.


SOS Band, Sands of time, 1986

Hoy traigo tres ejercicios de amor, tres ejercicios de gran arte, tres ejercicios de FUNK. Tres grandes álbumes trillizos, quizá los mejores de 1986, ese año difícil para la música negra por haber quedado lejos el Funk de los 70 y ser la última cosecha afroamericana antes de la era de los samplers y las recuperaciones. Considero que ya es hora de hacer justicia al sonido de 1986.

Bloodline de LEVERT coincide con CASHFLOW en que los dos son herederos directos; Levert lo es de O´jays, y Cashflow de Cameo. SOS BAND por el contrario es iniciador de una saga, de un sonido. Aunque su primer álbum es de 1980, no sería hasta 1983 con su disco On the Rise cuando alcanzaran madurez como grupo, sonando incomparables a ninguna otra banda, y anticipando lo que sería todo el Soul de los 90 posterior al New Jack Swing. Sands of time, el álbum que nos ocupa, suena amable pero rotundo. Está lleno de bajos hondos sintetizados, esos que suenan a mugido gutural, como el aviso de una bestia de cuadra cuando intuye que va a ser molestada. Es un disco de Funk con ascendente Soul, tiene melodías y ambientes crepusculares, así como la escena desértica de la portada, con poética visual de espejismos, caravanas o de las mil y una noches. Esa masculinidad de los bajos, muy graves, se complementa perfectamente con la voz simpática de Mary Davis y los cowbells.

Esto sucede también con Mtume, donde la vocalista Tawatha Agee endulza y afemina oportunamente el tonelaje Funk de la programación rítmica. En sus dos álbumes anteriores quedaba un rastro, un eco de THE TIME, como si SOS Band fuesen The Time pero en la playa, o con el sosiego propio de las vacaciones. Es por Jimmy Jam y Terry Lewis, pilares de la banda de Minneapolis y productores gurús luego de SOS Band. Sí, todo SOS Band 1983-1986 suena a Soul siendo Funk, y es por la templanza de los teclados, las melodías sin complejos y los bajos que mugen, pero sobretodo por la vocación de medio tiempo para hacernos sentir bien. Sands of Time es el primer disco y último de SOS Band totalmente emancipado de influencias; un disco para escuchar a oscuras, gozando con el sonido atmosférico que amplía la habitación hasta lograr paisajes soñados, envolturas musicales y ternuras imaginadas. Este álbum es su canto del cisne, luego vendrían recopilatorios y un par de discos con otra vocalista, aunque sin Mary Davis nada volvió a ser igual. Do You Still (Want To) se podría pinchar para abrir una sesión, y Nothing but the best para comprobar que los graves están ecualizados ese punto aconsejable más de lo permitido. Es fácil encontrarlo en las cubetas, y es barato, cómpralo. (Recuerda, para escuchar a oscuras y “ver”)





Cashflow, álbum debut, 1986

Para describir a CASHFLOW, y en concreto al empujón Funk del tema que abre el disco -Party Freak- sólo se puede parafrasear a Lorca en Bodas de sangre, cuando dice “me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo”. Party Freak es una entrega de Heavy Funk. Larry Blackmon de CAMEO produce el debut de Cashflow, rapea, arregla y participa en la creatividad de la portada, como si Word up (1986) fuera una extensión de este disco, o al revés. Los músicos de Cashflow coinciden con Cameo hasta en los cortes de pelo. Party freak sigue siendo actual, suena gordo, macho, y nadie creería que es de 1986 si no fuese por los repiques de palmas de la caja de ritmos, tan novedosos entonces. Mine all mine es como Back and Forth (1986) de Cameo, y también se parece a I Found Lovin´ (1983) de Fatback. Es la cancion soleada y optimista del álbum. En esta línea también suena I need your love, aunque algo más impetuosa, quizá por la sinceridad del título. Spending Money me gusta mucho, es un medio tiempo Soul, rotundo, y tiene un bajo vibrante –motor de tractor- que hace temblar hasta los cristales del salón. Podría mezclarse con Juicy Fruit (1983) de Mtume, o con Don´t be Lonely (1986) de Cameo, para entendernos; y al contrario que SOS Band, este bajo no es un colchón subordinado al resto de instrumentos, sencillamente es el protagonista. Reach Out es el baladón del disco, Monster Ballad, como dicen en las revistas de Funk americanas, y a pesar de su tiempo lento y sentimentalidad no es azucarado. Recuerda a las mejores canciones de amor de Cameo, como Why Have I Lost You (1977), para proyectar recuerdos en todas las nubes anaranjadas.




Levert, Bloodline, 1986


En el número 469 (21 oct– 3 nov,1986) de la revista británica Blues & Soul, y en el apartado Single of the week, descubrí (Pop, pop, pop, pop) Goes my mind, del trío LEVERT, aunque no pude reconocerla hasta que sonara su estribillo en Radio Popular de Córdoba, una sobremesa cualquiera del verano cordobés. Es una canción a 80 bpm, heredera de anteriores tríos de Soul, sobretodo por la voz de Sean Levert –hijo de Eddie Levert, líder de O´jays-, que cuesta distinguirla de la de su padre; pero también por la cremosidad de la guitarra, estilo George Benson; los palillos –castañuelas con los dedos- en el sitio de la claqueta; y hasta las coreografías en los directos, dibujando ellos tres a la vez con los pies la misma línea en el suelo del escenario. Este tema es el corazón del disco, sí, pero contiene varias joyas más. MTUME produce dos de las ocho canciones del álbum, Fascination, en la línea de C.O.D. (I'll Deliver) (Mtume 1984) y I Start you up, You Turn Me on, continuando You, me and he (Mtume 1984). Si eres seguidor de Mtume debes comprar este segundo elepé de Levert. Después de 1986 Mtume grabaría la prescindible banda sonora Native Son, cerrando así tres años de liderazgo electrosoul. Por si fuera poco, Grip, Looking For Love y Pose tienen influencia del Funk severo que Cameo regaló al mundo. Sean Levert murió en 2006, aún era un chaval. Se le complicaron las drogas, la tensión alta y la diabetes (estaba muy gordo), menos mal que le dio tiempo de iluminar antes. Ya puede descansar en paz.



Marc Gordon, Gerald Levert, Eddie Levert, Sean Levert. Foto de contraportada de Bloodline


Dedico este artículo a Ennegro, la nueva tienda de discos en Internet de mis hermanos de The Black Evolution, DavidDJ y Salah: luciérnagas superdotadas del bosque FUNK

25.12.10



Portada de Josef Albers [1960]

JOSEF ALBERS: artista plástico +
ENOCH LIGHT: Músico, director de orquesta, ingeniero de sonido y empresario.


Por Miguel Gómez Losada
Originalmente publicado en la sección Discos hermanados, de la edición en papel de la revista Enlacefunk Nº35

 


Mi Josef Albers favorito no está en los libros de arte sino en las magníficas portadas de discos del sello Command Records. Corría el año 1959, Marilyn enamoraba Con faldas y a lo loco, se popularizaba nuestro Seat 600 y el sonido estereofónico. Rafael de la Hoz modernizaba Córdoba con su arquitectura internacional y Óscar Niemeyer proyectaba Brasilia coincidiendo en el tiempo con el auge de la Bossa Nova. Eran años de prosperidad, la Segunda Guerra Mundial quedaba atrás y aún faltaba tiempo para el desencanto del postmodernismo.

Y en 1959 también:

-
Franco inaugura el Valle de los Caídos.
-Triunfo de la
Revolución cubana, Fidel Castro toma el poder.
-Marthin Luther King viaja a la India y afirma: “Ghandi es la luz-guía en nuestra técnica del cambio social no violento.”
-Picasso tiene 78, Duchamp, 72, Borges 60, Cary Grant 55 años.
-Miles Davis 33, y publica Kind of Blues.
-Nace Astérix, en la revista Pilote
-Josef Albers tiene 71, y su mujer Annelise 60 años.

 




Portada de Josef Albers [1961]





Josef Albers (1888 – 1976) es conocido sobretodo por sus Homenajes al Cuadrado, pintura abstracta geométrica, hija del constructivismo ruso y la Bauhaus. Fue en esta escuela, La Bauhaus, donde conoció a Anni Albers (Annelise Fleischmann,1899-1994), con quien se casó en 1925. Una historia de amor idílico alrededor de la pintura, los diseños textiles y los viajes exóticos, dibujando a medias un atlas propio a través de la geometría y el color.



Josef Albers - Estudio para homenaje al cuadrado - óleo / masonite 51 x 51 cm. 1954





La mano negra de Hitler no pudo con este amor. Como tantos artistas europeos, los Albers emigraron a Estados Unidos. Enseguida volaron a Méjico por deseo de Anni, apasionada de las culturas prehispánicas y la ornamentación geométrica textil. Tenían una concepción global del arte, interesándose igualmente por la arquitectura, el diseño, los muebles, la tipografía, la literatura y la docencia; es decir, el arte como punto de vista y ámbito integrador de la vida. Fruto del amor y la convivencia, sus obras se fueron complementando con el tiempo, alcanzando fuerza y plenitud en su conjunto. Josef Albers, predicador ante todo del arte como evocación y revelación, comenzó su programa artístico en la Facultad Black Mountain College (Carolina del Norte), compartiendo con los estudiantes sus procesos pictóricos, los Homenajes al Cuadrado, pintura seriada con ligeras variantes de una a otra. Albers establecía una comparación con la cocina: “A veces echo más sal, otras menos, ahí reside la diferencia entre una pintura y la siguiente”. Y es cierto, no salen dos platos iguales aunque se cocine todos los días. Es normal distinguir la excelencia de un vino especial o de un plato bien cocinado. Determinadas especias pueden evocarnos el océano, la montaña, o una brisa templada como anticipo del verano. Albers tenía esta sensibilidad para aplicar el color. Pintaba cuadrados concéntricos repitiendo esta estructura y variando las relaciones tonales. Una ligera mutación de rojo repercutía en la óptica y en la posterior emoción del cuadro. Cuando uno mira el trabajo de Josef Albers sabe que cada color tiene una dosis y un lugar exacto. Quizá esta meticulosidad, refinamiento cromático y actitud musical para pintar, fue lo que sedujo a Enoch Light, cuando su hija Julie, y alumna de Albers, les puso en contacto.










Portadas de Josef Albers [1959 / 1960]

Enoch Light era otro perfeccionista. Violinista de sesión, director de orquesta, ingeniero de sonido y hombre de negocios; creo en 1959 la discográfica Command Records. Del encuentro Enoch Light – Josef Albers nacieron entre 1959 y 1961 las siete magníficas obras que nos ocupan, interesante aportación a la Historia del Arte del siglo XX. Estos discos significaron una excepción en Albers, especializado en la poética del cuadrado; y aunque ya en los años 30 hiciera unos christmas para su uso personal con motivos redondos, fue en Commands Records donde se lanzó a explorar las posibilidades emocionales del círculo como unidad de repetición. A veces pasa que lo más interesante en la trayectoria de un artista viene dado por un encargo, o digamos por algún agente externo que a modo de colaboración inocule una variante en su producción habitual.

Esta casa de discos popularizó en el mundo entero el sonido estereofónico, concibiendo sus álbumes con una actitud lúdica y didáctica (como si los instrumentos hablasen con muy buena dicción; oyéndose remedos y efectos ping pong de las percusiones, siempre con un diálogo respetuoso entre la sección de cuerdas y la de vientos, dándose paso de un canal a otro con el fin de fascinar al oyente). Los discos de este sello se podrían etiquetar de jazz ligero o de ascensor, Easy listening y también Lounge. La presentación es impecable, como la innovadora doble carátula y libreto, con instrucciones detalladas para la escucha, que incluye colocación óptima de los altavoces, así como una ficha técnica completa de micrófonos, amplificadores y maquinaria sonora empleada en la grabación. Fue pionero en usar 4 canales y el sistema de grabación estéreo en cinta magnética de 35 mm –como en el cine-, que anulaba ruídos y el efecto “wow”. Esta alta tecnología sumada a las portadas de Josef Albers y los sugerentes títulos “Percusión persuasiva”, “Percusión provocativa”, hacen de estos discos una serie de colección, no sólo de buena música, sino de arte del Siglo XX. Tener una edición original de estos siete discos es como tener un grabado de uno de los artistas más influyentes del arte moderno. Quiero llamar la atención especialmente sobre este diseño precursor que pertenece ya al imaginario global, del que han pasado cuarenta años y sigue de rabiosa actualidad, muy común en flyers y cartelería de sesiones de música electrónica. Commands Records y su director de arte Charles E. Murphy continuaron esta línea gráfica con otros diseñadores, discos que tengo en casa gracias a mi padre, que previamente trajera de Barcelona en los años 60.







Portadas de Josef Albers [1961]

Aunque dos de estas siete obras son música clásica, merece la pena poner aquí la lista completa de Josef Albers para Command Records:

Provocative Percussion (Volume 1), 1959
Provocative Percussion (Volume 2), 1960
Provocative Percussion (Volume 3), 1961
Persuasive Percussion (Volume 1), 1959
Persuasive Percussion (Volume 3), 1960
Pictures at an Exhibition, Mussorgsky – Ravel, 1961
Leonid Hambro and Jascha Zayde, Magnificent Two-Piano Performances, Mozart, Mendelssohn, Schubert, 1961

Cuando dejo correr estos elepés en casa me asaltan a la memoria escenas en Cinemascope: Cary Grant sentado en el hall del hotel disimulando tras un periódico, o preguntando a la recepcionista -con timidez calculada- por su día libre. Es un sonido optimista, jazz suave sin complicaciones melódicas. Son canciones de siempre: Caravana, Brasil, Cuando tu amor se ha ido, La Rumba de Miami, La Cucaracha, Mambo Jambo, Querida mía, etc. Enoch Light tiene pocas composiciones propias, pero sus versiones de standars universales son de lujo, tan buenas que alcanzan identidad propia. Es música de la American way of life; Jazz en un Chevrolet o un Lincoln camino del aeropuerto con destino Hawai. Y lo que falta de autoría en este tipo de Jazz lo pone Albers en las portadas, haciendo de estos siete álbumes –insisto-, una cumbre de la abstracción.

Y en lo más íntimo, cuando suena Enoch Light y la Brigada Ligera, escapo del tiempo hasta un sábado por la mañana después de terminar las tareas: y ahí está el tocadiscos Dual Bettor, mis padres jóvenes, y una infancia feliz.




Anni y Josef Albers




DR XIV, de Anni Albers 1974. Tinta y lápiz sobre papel (Influencia mejicana)





Obra de Anni Albers (1938), publicada en la revista del Black Mountain College


Nota: Se celebró una exposición sobre las portadas de Josef Albers para Command Records en Minus Space reductive arts, Brooklyn, Nueva York, del 12 de diciembre de 2009 al 30 de enero de 2010

29.10.10

CAMEO EN DIRECTO

 CAMEO en directo. Antes cogimos fuerza en El Maderfaker. Aquí está el vídeo doméstico de la aventura.



Vídeo doméstico

SESIÓN FUNK EN EL MADERFAKER [MADRID, 25 OCT 2012]
MIGUEL GÓMEZ LOSADA &
MIGUEL A. SUTIL
http://www.maderfaker.com/es/club.html
+
CONCIERTO DE CAMEO EN JAZZCAFÉ [LONDRES, 26 OCT 2012]
http://venues.meanfiddler.com/jazz-cafe/home

12.9.10



Roger Troutman en 1981
.

DISCOS HERMANADOS, por Miguel Gómez Losada



Originalmente publicado en la edición en papel Nº31 de Enlacefunk

ZAPP - Zapp l (1980) Warner Bros +
ROGER - Many face of Roger (1981) Warner Bros


Tengo el gusto de inaugurar esta sección con dos discos obligatorios de Funk, Zapp l y Many Face of Roger, hijos del mismo padre: Roger Troutman.

Zapp l contiene More bounce to the ounce, que después de casi treinta años es el tema más importante en la historia del electrofunk. Los raperos de los noventa dieron fe de ello, poniendo a Roger en voga y retomando su legado: EPMD, Domino, Snoop, Ice Cube, Heavy D, o Digital Underground, así como ocurriera con el P-Funk y James Brown. El fraseo de talbox -More-Bounce, to-the ounce- cosido al categórico bassline de la canción, cambiaron la forma de entender las tecnologías aplicadas a la música. Este hallazgo no fue casual, el grupo Zapp estaba coproducido por Bootsy Collins. A su vez, Roger tenía ya un buen álbum grabado en 1976, Roger and the Human Body, con aroma a Ohio Players pero con el talkbox como instrumento protagonista en los temas más rotundos, que desde este momento definiría su personalidad.

Se puede decir que Zapp fue la última estrella del firmamento P-Funk, incluso la portada es de Ronald P. Edwars, el artista que pintó la de Fred Wesley & The Horny Horns: A blow for me a toot to you, álbum producido por George Clinton y Bootsy. Para que no hubiese dudas de cuál era la nodriza se encomendó la contraportada al artista Overton Loyd, que trabajaba con aerógrafo –tan de moda en aquellos años- autor de Gloryhallastoopid y Trombipulation, los discos tardíos de Parliament. El primer nombre en los agradecimientos de la contraportada es George Clinton. Esto es una actitud modélica, Afroamérica tiene ese respeto por los artistas mayores, al igual que la cultura gitana, y la oriental.

En el Japón imperial, un pintor empezaba a ser tomado en cuenta cuando reconocía públicamente a su maestro, y adquiría el compromiso de transferir su enseñanza artística a un nuevo alumno. Esto sólo ocurre cuando la cultura viene en línea desde atrás, y los artistas se saben transmisores de una de fuerza cósmica que se pierde en la noche de los tiempos.

Funky Bounce me recuerda al Funk descarado que sonaba cuando Starsky y Hutch se introducían en los barrios negros, buscando a Huggy Bear para sonsacarle información. El tema suena sobrado, y los handclaps parecen marcar el paso alegre y confiado de un sospechoso justo antes de que aparezca el coche de la policía.


Zapp l

More bounce to the ounce es oficialmente el hit del disco, sin embargo mi favorita es Be alright. Es un medio tiempo contundente a la vez que amoroso, precursor de casi todo el R´n´B de los 90. Grupos como H-Town, SWV o EnVogue le deben mucho. Su base rítmica es insuperable, algo así como el tiburón a la acuodinámica animal; o los árboles, exponentes máximos del reino vegetal. En el desarrollo instrumental, los coros recuperan la melancolía del blues, y la guitarra suena desconsolada como el maullido de un gato abandonado. Freedom, y Brand new player tienen la redondez, el jugo, el color y la alegría de una naranja, con ese sonido de 1976: cuando los grupos de Funk todavía estaban formados por más de diez miembros. De hecho Freedom se grabó originalmente para el álbum Roger and Human Body, cuatro años antes que Zapp l. Coming home es un blues rápido que cierra el álbum, y recuerda que aunque la criatura electrofunk esté recien nacida, el abuelo sigue mereciendo atención.

La historia del talkbox –escrita casi siempre por críticos musicales de influencia rockera- atribuyen a Peter Framton haberlo usado como instrumento por primera vez, sin embargo, éste se animó a hacerlo cuando escuchó en 1972 el tema Love having you around, incluido en el elepé Music on my mind de Stevie Wonder. El talkbox es negro, así lo demuestran Stevie Wonder, Graham Central Station en el tema Now do-u-wanta dance (1978); o Sly & The Family Stone, en The same thing, makes you laugh, makes you cry (1979); y el mismísimo Roger Troutman, con su banda Human Body y posteriormente con Zapp.




The many face of Roger

En 1981, Roger Troutman bifurcó su trayectoria en Zapp y Roger. En el álbum The many face of Roger, el electrofunk alcanzó su madurez. El secreto estaba en amalgamar el carácter robótico del talkbox, su forma de tocar la guitarra sin vanidad de solista, el ritmo metálico y electrizante, con la corpulencia de las grandes bandas de Funk. Lo consiguió. Zapp & Roger es sobretodo Funk del espacio exterior, los sintetizadores y el talkbox le dotan de ambientes cósmicos, evocando el Sputnik y a los primeros cosmonautas, fascinados con el azul del océano a través del cristal de la nave. I Heard it through the grapevine es una versión del clásico de Norman Whitfield, popularizado por Marvin Gaye en 1968, que cuesta reconocerla sin la ayuda del título. Dura más de diez minutos.

En A chunk of sugar deja ver su conocimiento de la guitarra, tocando como un discípulo aventajado de Wes Montgomery, sobre una base rítmica subordinada, de las que están ahí detrás.

Maxx Axe es el tema feliz del disco. Puro gozo, puro viaje, música para olvidar preocupaciones y situarse en el lado soleado del mundo. Escucharla te arranca una sonrisa pulmonar con calor en la nuca. Música para llamar a tus amigos y celebrar la vida en el restaurante de la esquina.

Do it Roger es una fiesta, con una intro sin batería que es verdadera elegancia. El tema transcurre sobre un entramado de guitarras rítmicas, bajos sintetizados que mugen, palmotadas y coros testiculados, que jalean a Roger en su travesía por el tema, diciéndole todo el rato: “Hazlo Roger, hazlo”; animándole como a un saltador de trampolín. El disco vuelve a cerrar como Zapp l, con Blue (A tribute to the Blues).

Este álbum contiene el aplastante So ruff, so tuff, sampleado en 1991 por Ice Cube en H

ow to survive in South Central, con un groove infeccioso en la línea de More bounce to the ounce. Es Funk ejemplar. El bajo acomete con la vehemencia del oso cuando empuja el árbol para que caigan los frutos, y antes de acabar el tema, la instrumentación se detiene, dejando a solas un pegadizo riff de guitarra rítmica, que influiría años más tarde en Prince.



Zapp & Roger

Sirva este artículo para reconocer la calidad como guitarrista de Roger, y aunque su guitarra quedase a veces eclipsada por la presencia del talkbox, hay que nombrar de una vez por todas a Roger Troutman maestro de Prince en su periodo 1986-1988. Es frecuente que al descubrir a Zapp recuerde a Prince, y en realidad es al revés. El mejor Prince está en los álbumes Parade y Sign ´o´ the times, justo los dos discos posteriores al esplendor de Zapp.

La antorcha de la esperanza negra pasó de James Brown a George Clinton & Bootsy, Zapp & Roger, luego a Prince, y ahora a Roy Hargrove. Ésa es la línea sucesoria. Cada nuevo eslabón se une siempre con uno más, en una interminable cadena cultural.

Esto sucede cuando el artista se siente en comunidad.
Esto sucede cuando el artista necesita formar parte.


Y ser encontrado.

Aun en medio de la nada, resplandece.


17.7.10




FUNK BELGA de primerísimo nivel. No es AcidJazz. Atención a la hondura gospel, la filosofía lúdica de los teclados, el juego, el rebote y la gozada. El bajo muge como una bestia de cuadra cuando avisa que no quiere ser molestada. Luego la sección de vientos -disparos-, y las guitarras alargadas que dan velocidad. El ritmo empieza sin el más mínimo presagio de lo que viene luego, ganando potencia sin avisar, haciéndose mayor, agarrándote con dolor y placer como un agarrón testicular. Wizard of Ozee - Hifi [1996]

14.7.10


Ohio Players, Jass-Ay-Lay-Dee [foto de contraportada]



DISCOS HERMANADOS
por Miguel Gómez Losada


BAR-KAYS, FLYING HIGH ON YOUR LOVE (1977)
OHIO PLAYERS, JASS-AY-LAY-DEE (1978)




Aparecido originalmente en la edición en papel de la Revista ENLACEFUNK Nº33

Quiero hablar de FUNK ESPAÑOL. Este verano [2009] he tenido el placer de asistir a Imágina Funk y a Enclave de Agua, que son los dos festivales de música negra de España. En el primero, el subtítulo es Festival Funk del Sur de España, y del segundo, Festival de Música Afroamericana. España está de enhorabuena por ello, y al igual que está asumido el sintagma Pop español, ya se puede hablar de Funk español.



Tenemos festivales. Complacido me dio la impresión de que la dominante de los grupos programados –excepto P-Theory y The Black Evolution Experiencia, de tradición y aspiración P-Funk respectivamente- seguía el rastro de los Rare Groves de Blue Note. En concreto de las formaciones tan populares en 1969 con el Hammond como protagonista sobre el conocido “beat” de James Brown: las de Richard Groove Holmes, Lonnie Smith o Reuben Wilson, hibridando este concepto rítmico con la vertiente instrumental, progresiva e hipnótica del Afrobeat.



Me pareció que la música negra que gusta a los directores artísticos de estos festivales sobrevuela el año1969. Y aunque este ejercicio de -raíz- es un comienzo inmejorable, no puedo disimular mi deseo de que esto sea sólo un punto de partida, y que las bandas españolas y quienes programan, incorporen a este bagaje la herencia de los grandes grupos que maduraron después, cogiendo así su relevo: Sly (1971-1975), Earth, Wind & Fire, Ohio Players, Kool & The Gang (1969-1976), la nación P-Funk, Pleasure; y luego Maze, Cameo, Gap Band, Zapp, y Prince, seguidos de D´angelo o Roy Hargrove por ejemplo, y que gracias a ellos, el Funk -con el Jazz dentro- alcanzó el cénit.


Incentivar hoy desde cualquier programación esta línea de gran Funk, es garantizar para mañana la diversidad en las propuestas (además de alinear históricamente al HipHop español con su raíz afroamericana), y esto no solo es bueno para el FUNK ESPAÑOL, sino para la cultura en general.

Después de sufrir durante años oír que Jamiroquai, Lenny Kravitz y Red Hot Chili Peppers hacían Funk, sin que nadie mencionara a Stevie Wonder, Betty Davis o Funkadelic; padecer en los bares de diseño del 92 “estilo cafetería del AVE” esa música previsible llamada Acidjazz; y que el órgano Hammond recordara a los pasajes instrumentales de The Doors antes que a Jimmy Smith, estos dos festivales españoles me han dado un júbilo inmenso que me propulsa a seguir predicando el FUNK y a sostener que España (digo “España” sin complejo, y sin eufemismos ya superados como “este país”), es una potencia cultural.

Pero hay un asunto que me preocupa: en España, la modernidad siempre ha sido muy británica, de apariencia Mod, Punk, Pop, Rock, etc; y ahora que el Funk ya no es algo desfasado sino que empieza a estar bien visto por la progresía, corremos el riesgo de que se rockerice en sus modos escénicos siguiendo nuestra propia inercia de indolencia en el discurso artístico, que es cosa habitual tanto en los directos como en los videoclips: Teatralizar la convalecencia o la salud débil elevándola a categoría estética; quejarse porque somos víctimas del sistema; y renunciar a todo porque ya no importa nada. Y esta actitud no tiene por qué restar calidad a las canciones (personalmente detesto esa postura nihilista que apologiza la desgana), pero sí que estas maneras pudieran dejar fuera lo que objetivamente es la esencia del Funk.



Es buen momento para recordar que el Funk nació como una respuesta social, cuando los negros, básicamente, se cansaron de estar sometidos por ser negros. Se podría decir que el Funk fue la consecuencia cultural de una necesidad imperiosa por cambiar las cosas. De esa lucha por LA LIBERTAD, al Funk le salieron músculos, y al irla logrando le dio alegría; por eso escuchar Funk da ganas de vivir. Esto derivó en unos modos extrovertidos, un derroche de confianza donde la fantasía era la protagonista; la alegría explícita, lo normal; vivir encarnecidamente, un derecho; y optimizar el dolor, un homenaje a los que dieron su vida en la conquista de la dignidad.
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Bar - Kays, Flying high on your love
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Funk también significa creer en Dios como máxima de agradecimiento, pudiendo hacer a veces un binomio natural con el hedonismo y la sexualidad divertida (creer en Dios es sobretodo amar la vida). Desde entonces el Funk es la música del amor explícito, de la esperanza, y de la felicidad como aspiración. Si miramos las portadas de los grandes discos de Funk encontraremos mucho sentido del humor, risa sin reservas, lentejuelas, trajes espaciales, sombreros tejanos (Gap Band); también sombrero cordobés (Lenny White); pañales de bebé (Gary Shider); atuendos a la manera de Robin Hood, piratas, cowboys (Lakeside), taparrabos (Blowfly); Indios, faraones egipcios, etc; que no era sino una reafirmación de la libertad de la cultura afroamericana mediante la alegría y la imaginación.


Y ahora quiero hacer una pregunta a la progresía -aludiendo a la permisividad que la caracteriza hacia otras formas de ser-.


¿Caeremos en España en la tentación de descalificar esta actitud intrínseca al sonido Funk y desplazarla por hortera? Ya no por favor, otra vez más, no, por favor. Vale que el FUNK tenga una apariencia britanizante en España, de acuerdo, pero si es normal el flequillo a ras de la mirada, las gafas de pasta, la barba comunista de la transición española, los nikis “Fred Perry”, el gesto desmotivado y la delgadez extrema; entonces, las cazadoras con mangas de flecos “Daniel Boone”, las camisas de leopardo, las cadenas de oro rebotando en los pectorales, los zapatos abrillantados con Canford, la cara bien afeitada y la sonrisa solar, también.

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Y para ilustrar esta defensa del FUNK, propongo dos discos hermanados calientes, jugosos y crujientes como los jabalíes asados que devoraba Obélix en los banquetes finales de todas sus aventuras: BAR-KAYS, FLYING HIGH ON YOUR LOVE (1977) y OHIO PLAYERS, JASS-AY-LAY-DEE (1978); los dos del sello Mercury.
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Muchos conocen a Bar-Kays por haber sido la banda de Otis Redding y por su éxito de 1967 Soul Finger. Diez años después grabaron este alegato sin complejos del amor.


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Bar-Kays, Flying high on your love [foto de contraportada]


En la contraportada aparecen ellos fascinados mirando una hada negra que cruza el cielo -metáfora visual del título-. Sus rostros tienen actitud de creer lo que están viendo, convencidos de que el amor rige el mundo y da sentido a la existencia, y justo por ello es inútil cualquier disimulo en la expresión afectiva. En la portada escenifican con los brazos una bandada de pájaros, aludiendo de nuevo al álbum pero riendo en clave Let´s have some fun, uno de los cinco temas bailables y pinchables del disco. El sonido Bar-Kays de final de los 70 está a medio camino entre Commodores y Ohio Players, que junto con Cameo formarían ese funk vocal cuyos fraseos acaban en “aow”, “ueaw”, y weau”, a modo de rugido de felino cuando marca territorio o se aparea. Shut the funk up y Whatever it is te harán bailar sin remedio, Attitudes recordar un antiguo amor: un abrazo de noche, en el banco de un parque iluminado por farolas salteadas, con el sonido lejano y adormecedor de los coches por la avenida. You can´t run away te saca de la nostalgia emplazándote al porvenir, con la mirada esperanzada de aquellos navegantes que soñaban Ítacas siguiendo el vuelo de los albatros (esta imagen es para ti, mi querido Pedro García). La canción que da título al álbum cierra la cara B, y tiene un recuerdo de aroma a Devotion de Earth, Wind & Fire. Es una composición templada que evoca el fin del verano, donde la sección de vientos parece el idioma cálido del sol, apoyando el estribillo I´m flying high on your love, in the sky, repitiéndose hasta la emoción.





Ohio Players, Jass-Ay-Lay-Dee



Después de este disco –primer bocado de Obélix-, viene el segundo bocado, más sabroso si cabe, jugoso, y con múltiples registros en el mapa gustativo: JASS-AY-LAY-DEE de Ohio Players. Mi favorito del grupo sin duda. Parece que los pinchadiscos de Funk sólo ponen Funky Worm (1972) porque contiene el fraseo de teclado casi arabeizante que hizo eco en Ice Cube y Dr. Dre, convirtiéndose en el ingrediente mágico para lograr la atmósfera misteriosa de sus discos. Ohio Players es un grupo que se puede pinchar, y se debería pinchar antes que US3 por ejemplo, sobretodo cuando el subtítulo de un festival sea la palabra FUNK, porque Ohio Players, junto a Parliament/Funkadelic y Earth, Wind & Fire, son las bandas gordas, gordas, gordas, de FUNK; y si queremos propagar esta forma de vida en España, y compartir esta música con la gente que no ha tenido oportunidad de llegar hasta el Funk, Ohio Players y las bandas mencionadas en este artículo, no se nos pueden olvidar. Propongo dos tajadas de carne musculada, sin hueso, para masticar con enjundia: Funk –o-nots, y Shoot yer shot. Esta última es un medio tiempo con handclaps, y tiene tanta, tanta, tanta potencia, que si fuera carne de cerdo, no sería de cerdo rosa, sino de cerdo negro, un cerdo gordo y negro, casi jabalí.

Agradecimiento público para César Merino -Imágina Funk-; a Alfredo y Pitu -En clave de Agua-; a la gente de Maderfaker, por su amabilidad Funk en el stand de los dos festivales; y a Julián Maeso y su Hammond, por las intros emocionantes previas a los grupos. Y una sonrisa escrita para Miguel A. Sutil, por ser a la vez viento a favor y faro de Alejandría para el Funk español.